Lisboa en 4 días

Lisboa

¿Cuánto tiempo necesitas para enamorarte de Lisboa?

Realmente, bastaría con transcurrir una noche por las estrechas calles de la Alfama, el barrio más antiguo de Lisboa, para dejarse arrastrar por el encanto decadente de esta ciudad.

La capital europea más al oeste de todo el continente brinda al viajero la posibilidad de elegir entre un sinfín de eventos culturales, rincones pintorescos y monumentos emblemáticos. Además, su vida nocturna – sobre todo el fin de semana – cuenta con una gran cantidad de bares, restaurantes y salas de conciertos: es prácticamente imposible que no encuentres tu lugar entre tantas opciones.

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Del aeropuerto al centro de la ciudad hay solamente unos 7 kilómetros; aunque la recién ampliación del metro permite unir las dos zonas – será necesario realizar un transbordo entre la linea roja y la verde – te recomiendo utilizar el económico Aerobus: de esta forma, podrás tener el primer contacto visual con el desarrollo urbanístico de finales ‘800, bien representado por la arbolada – y parisina – Avenida da Liberdade.

Qué ver en Lisboa

Una primera consideración: visitar una ciudad cuyas calles trepan hacia las colinas que las rodean exige buenas piernas y muchas ganas; eso sí: siempre se puede recurrir al elevador de Santa Justa o a sus tres funiculares para amenizar la subida.

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Primer día: Alfama

La Alfama ocupa la parte este del centro de la ciudad. La colina ocupada por este barrio está dominada por el Castillo de Sao Jorge y su muralla. Su mirador se abre sobre la Praça de D. Pedro IV ( Rossio ) y Restauradores. Para evitarse la subida a pie se puede elegir la forma más pintoresca de todas: coger el tranvía numero 28 – o el menos abarrotado numero 12 -.

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Alrededor del castillo, hacia el sureste las calles que bajan pierden sus lineas semicirculares y se vuelven laberínticas conforme te llevan hacia el Tajo. Desde los miradores Das Portas do Sol y el de Santa Luzia las vistas sobre este entramado urbano son espectaculares.

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Muy cerca de la Igreja de Sao Vicente de Fora, si el tiempo es clemente podrás hacerte con un par de gafas vintage, vinilos o cámara antiguas en la Feira da Ladra – “el Mercadillo de la Ladrona”, los martes y los sabados hasta las 16h -. Bajando por Rua Limoeiro o por Rua São Miguel llegarás a la catedral de Lisboa – -, la iglesia más antigua de la ciudad, que reúne los distintos estilos arquitectónico patrocinados pos sus distintos invasores. Entre los museos de la zona, destaca el de Artes Decorativas Portuguesas y el Museu do Fado.

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Entre las muchísimas opciones para comer en Alfama te recomiendo el restaurante del Chapitô, un espacio social que aparte de buena comida ofrece un amplia oferta cultural: no te extrañes si mientras te tomas un aperitivo esperando al atardecer – las vistas desde la terraza son fantásticas – por encima de tu cabeza se estará agitando un equilibrista.

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Si buscas un rincón escondido en el pleno barrio en la terraza de Lautasco podrás recuperarte del cansancio en un ambiente muy pintoresco. Si buscas una opción más romántica – pero también más turística -, en donde podrás cenar escuchando fado en directo, será mejor echar un vistazo a Casa de Linhares o a la programación del Clube de Fado.

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Con el cierre en abril del colectivo cultural Bacalhoeiro, se apaga uno de los mejores escenarios para escuchar buenas sesiones de música en directo de la zona, pero siempre quedará el Clube Ferroviário en Santa Apolonia, con sus conciertos, ciclos de cine y fiestas temáticas. Si aún tienes energías, a menos de un kilómetro del Clube podrás mover las caderas en el Lux, la mejor discoteca de Lisboa en cuanto a programación.

Segundo día: Belém

La peatonal Rua Augusta finaliza hacia al sur en la céntrica Praça do Comércio, una vez pasado el Arco de la Victoria.

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Desde aquí, coges el tranvía 15E que en unos veinte minutos te dejará en Belém, un distrito en las afueras de la ciudad y visita imprescindible para cualquier turista. Si no sales de la cama demasiado tarde, podrás visitar lo más interesante antes de almorzar, ya que sus atracciones quedan muy cerca entre ellas.

Belém alberga dos de los monumentos arquitectónicos manuelinos más importantes del país, la omónima Torre de Belém – uno de los símbolos de la ciudad – y el Monasterio de los Jerónimos. Para visitarlos, existe un billete combinado por el precio de 12 euro. Al lado de la Torre, echa un vistazo al Monumento a los Descubrimientos.

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Para comer, la Rua Vieira Portuense es la calle más pintoresca – y también la más turística -, llena de restaurantes con terrazas. Si quieres ahorrar, puedes siempre comprar unos sandwiches y aprovechar de los muchos espacios verdes de la zona para un picnic en plena regla, antes de meterte un atracón de Pastéis de Belém. Cuando ya estás bien de azúcar, antes de volver hacia el centro de Lisboa, te recomiendo visitar el bonito edificio del Centro Cultural de Belém: hay exposiciones temporales, agenda musical y teatral.

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De vuelta a la ciudad, podrías buscar relajarte en la terraza del Noobai café, que comparte vistas con el Miradouro de Santa Catarina ( también conocido como “Adamastor” ). A unos treinta metros, el Pharmacia es un restaurante de cocina creativa – excepcional opción para el tapeo – y cuenta con jardín exterior.

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Por la noche, los bares y clubs alrededor de Cais do Sodré dan mucho juego. La rua Nova do Carvalho, una calle tapizada de rosa, hospeda unos cuantos muy peculiares y con nombres internacionales: el bar Oslo, Copenhagen, Jamaica, etc. Destaca por música en directo el MusicBox, y por estilo la Pensão Amor : se ha recuperado lo que antes era un hotel-prostíbulo y ahora cuando entras a uno de sus cuartos te puedes encontrar con una tienda de lencería sexy, un bar de copas, una librería erótica y mucho pero mucho kitsch. La moda de dignificar y homenajear al genero burlesque pasa también por Lisboa.

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Tercer día: Baixa – Fundación Gubelkian – Parque das Nações

El día arranca con un desayuno contemplando el estilo Art-decó del Café Nicola, una de las muchas cafeterías con vistas a Rossio. Tómatelo con calma y luego pasea hasta la plaza cercana de Restauradores. Luego, desde aquí coges la linea azul de metro hasta la parada “São Sebastião”: emprenderás el viaje hacia uno de los mejores museos de Europa, el Museo Calouste Gubelkian. La impresionante colección que ha acumulado el filántropo de origen armenio abarca siglos de arte tanto occidental como oriental; entre tantas piezas, hay que dedicar una mención especial a las creaciones del joyero y vidriero modernista René Lalique. El edificio está rodeado por un bonito jardín y su cafetería es una buena opción para comer contemplando este pequeño oasis ciudadano.

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Si tanta cultura no ha podido contigo puedes seguir saciando tu hambre de arte en el Centro de Arte Moderna, que se encuentra en el mismo jardín de la Fundación Gubelkian. Este precioso espacio se centra en la producción lusa del siglo XX, aunque puedas encontrar exposiciones temporales de artistas extranjeros.

Sin embargo, si en vez de visitar un segundo museo prefieres cambiar de escenario, te recomiendo volver a la parada “São Sebastião” y coger la línea roja del metro hasta la parada “Oriente”. Ya por sí sola, la Gare do Oriente, obra del arquitecto Santiago Calatrava, merece la pena el trayecto.

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Este edificio será tu primera toma de contacto con lo que representa en su totalidad el Parque das Nações, la revitalizada zona de Lisboa que fue lugar de la Expo Universal de 1998. Cuenta con un Oceanográfico, un Museo de las Ciencias, un teleférico, varios jardines y una marina turística.

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Para la hora de la cena, queda explorar el Bairro Alto, donde las opciones son numerosas. De hecho, el entramado urbano se que encuentra delimitado al norte por el Jardín Botánico y al sur por la Praça Luís Camões es la zona con más marcha del centro de la ciudad. Siguiendo el recorrido hacia abajo, entre los restaurantes recomendables encontramos: The Decadente, de los más cool entre los recién llegados; el Capotes Brancos, con raciones y platos combinados de buen tamaño; O Cantinho Das Gaveas, cocina portuguesa a buen precio en una pequeña taberna, con lo cual conseguir mesa lleva su tiempo. Para escuchar fado, puedes cenar en O Faia.

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Si entre restaurantes hay muchas opciones, elegir entre bares resulta imposible. En Rua da Barroca puedes echar un vistazo a la asociación Zé dos Bois – música, exposiciones y performance en su agenda -, o a Maria Caxuxa: decoración retro, copas bien servidas y dj-set de electrónica. Si prefieres música en directo, los sábados en Portas Largas encontrarás música afro-brasileña. La caipirinha vale 4 euro. Si lo tuyo es el jazz, es imprescindible desplazarte hasta el Hot Club, uno de lo más antiguos del contintente; aquí se forman e improvisan los músicos de su escuela.

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Cuarto día: Baixa – Bairro Alto – Chiado

¿Aún te quedaste con ganas de dulce desde que probaste los Pasteis de Belém? Pues, el último día de tu estancia en Lisboa lo empiezas en la Confeitaria Nacional en la Plaça de Figueira y: si la diabetes entraría por los ojos, mirando a los mostradores de aquí no saldrías vivo. Ya con energías, puedes acercarte a la Praça de Restauradores y coger el ascensor da Gloria, con la cual subir al Jardim de São Pedro de Alcântara. Las vistas desde su mirador son de las más completas sobre el centro de la ciudad.

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Recorriendo la Rua da Misericordia, puedes visitar la Iglesia de San Roque antes de bajar hacia Chiado, el barrio bohemio de Lisboa. Si eres cafetero, en la zona está el emblemático y tertuliano Café A Brasileira: pidiendo “Uma bica si faz favor” te traerán un expreso al estilo italiano bien servido y muy concentrado.

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Merece también la pena una visita al Museu do Chiado -de Arte Contemporáneo -, antes de llenar la barriga en Xapuri, un bistrot de fusión internacional cuyo dueño alemán se enamoró de la ciudad y se quedó.

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Ya va siendo horas de hacer unas compras para llevarse un recuerdo del viaje o para un regalo. Si buscas algo muy particular, regalar unas latas de conservas de pescado de la Conserveira de Lisboa puede resultar muy acertado: la tienda es preciosa y los envases vintage tienen un diseño colorido ( eso sí, tiene que gustar el pescado ). Del mismo estilo, la Loja das Conservas. Si buscas regalar alcohol, tanto en Barrio Alto como alrededor de Rossio hay muchas licorerías especializadas sobre todo en vino Porto. El licor más autóctono es la ginjinha, hecha a base de guindas.

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